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La lesión pudo con la ilusión (Parte I)

Pese a las advertencias de mi fisioterapeuta en las que me advertía de la imposibilidad de correr una marathon el domingo habiéndome diagnosticado una tendinitis y una bursitis la misma semana de la carrera, como buen runner hice caso omiso y me presenté en la línea de salida con la esperanza de que una vez caliente pudiera correr con fluidez.


La cosa arranca hace dos semanas con la última tirada de 30kms. Ese día me hago casi toda la distancia, menos 9 kms en los que me acompaña el compinche de la foto, en solitario, a ritmo de carrera y con viento en contra (si es que alguna vez hay alguno que pegue a favor jejeje). Las sensaciones son buenas y me siento fuerte y preparado. Quedan dos semanas y el trabajo ya está hecho, solo queda descansar hasta la carrera.

Sin embargo, esa semana empiezo a tener malas sensaciones en la zona del talón del pie derecho. Empiezan a venirme recuerdos de una vieja lesión de principios de año que creía ya olvidada. Entreno 11 kms el martes a trote suave para recuperar del esfuerzo y decido no salir más hasta el domingo. Tengo una pequeña molestia y no quiero que vaya a más. 

El domingo toca la última tirada larga. 18 kms de carrera suave que solemos aprovechar para soltar unos pocos nervios y preparar las últimos detalles del fin de semana que viene. Durante el entreno noto que algo no va bien, me noto la pierna "estrangulada" con la molestia que nace en el talón y me sube por el soleo, los gemelos y los isquios. Aun así aprieto en los últimos kilómetros para ver si entrando en mi ritmo natural me suelto un poco. Nada de nada, acabo los dos últimos kilómetros trotando al ver que las piernas no van.Eso no es nada para lo que viene después.

Tras la ducha y al quedarme frío, las molestias se convierten en dolor. Tengo que coger el coche y siento verdadero dolor al apretar el acelerador. El día transcurre con una ostensible cojera que enciende todas las alarmas. Empiezo a aplicarme frío y antiinflamatorios para minimizar daños.

El lunes por la mañana estoy tan cojo que temo no llegar a la parada de bus escolar a tiempo de dejar a mi hija. Voy cojeando por la calle como alma en pena. El sueño del marathon comienza a alejarse. Quedan seis días y veo la cosa mal. Empiezo a llamar desesperadamente a mi fisio para que me atienda de urgencia. OMG!! no puede hacerlo hasta el martes por la tarde.

Los peores augurios se cumplen. Me diagnostica una tendinitis y una bursitis. La sentencia es categórica: "es imposible que llegues al domingo con este dolor".

Me arregla un poquito y eso me sube la moral, pero su sentencia resuena en mi cabeza el resto de la semana.

Mañana la parte II