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Creatures of the Night II

Hace unos días publicábamos el primer capítulo de esta serie dedicada a esas salidas nocturnas que últimamente nos ha dado por hacer a mi Maestro Sergio y a mi. Aunque a veces, nos escapamos por separado. Y es entonces cuando la noche se vuelve más tenebrosa, y las criaturas de la noche dan más miedo cuando se aparecen.



Hoy la cosa ha ido de ojos y colores en la oscuridad. Nada más encender el frontal, cuatro ojos, dos de ellos verdes brillantes, se dirigen a mi ladrando. Por suerte los dueños de esos perros controlan a sus fieras dejando el susto en eso, en susto.

Más inquietante es ir corriendo y al mirar a la ladera de mi izquierda, empezar a ver parejas de luces brillantes dirigirse a mi. Ni con palmadas se asustan, pero se desvanecen en milésimas de segundo. Y mientras, cualquier ladrido de perro te hace temer que el animal en cuestión aparezca de la oscuridad tras la siguiente curva. Así que entonces, coges un palo y corres con él en la mano. Te das cuenta que esta seco, hueco, que es endeble, y que de poco valdría para defenderte. Pero vuelves a ver dos ojos que te observan. Y de repente comienzan a huir de ti. Parece que no habrá que usar el palo, es solo un gato...menos mal.

Más ladridos, más miedo. Pero quedan a un lado, y recuperas el aliento, mientras tu ritmo cardiaco baja. Hasta que tras una dura cuesta, aparece un punto rojo brillante, que de pronto baja al nivel del suelo. Parece un laser, o un cigarro...y oigo "¡Aupa chaval que te queda poco!" Un hombre solitario que dormirá hoy bajo el techo de su tienda de campaña me anima, fumando, desde lo oscuro en un tramo de gran pendiente. Y yo, desconfiado, pensaba que tendría que usar el palo.

Ya queda poco para llegar a casa, y tras pasar por al lado de un coche escondido en una íntima oscuridad, un ladrido estremecedor aparece por mi izquierda a la vez que de frente a mi aparece una cuesta arriba del 20%. Da igual, hay que correr. La subo, el palo se me parte, se me cae, lo recupero, y por fin parece que el perro ha quedado atrás. Ni mirar he querido si estaba atado o no.

Lo importante es llegar sano y salvo a casa, habiendo disfrutado de la noche y sus criaturas.