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Espectadora en Donosti

Aunque sigo pensando que correr es de cobardes, tengo que reconocer que este finde en Donosti rodeada de runners, me ha hecho ver la emoción que supone correr una marathon. Porque las mujeres de los runners también corremos,  aunque solo sea para apoyar y animar a mi marido.

Esta es mi experiencia en el marathon.

El día de autos comienza con un buen madrugón acompañado de los nervios tras meses de preparacion. Yo aún con las legañas y Sergio on fire desde una hora antes.

Bajamos al punto de encuentro y allí les veo a todos calentando e intercambiando opiniones sobre la conveniencia o no de llevar guantes, geles..alguno aun todavía intentando decidir qué liebre seguir.

Me pongo en contacto con los runners que en esta ocasión no iban de corto y que iban a hacerme de guías en el recorrido. Nos colocamos en un sitio con buena visibilidad para intentar ver a todos en la salida (cosa que fue imposible entre tanta marabunta) y de ahí deprisa al primer punto de control..sobre el km 2. Conseguimos hacer algunas fotos y seguido sin pausa al siguiente punto. Impresiona lo controlado que tienen el circuito y los tiempos. Reloj en mano dicen que el primero deberìa pasar en 6 minutos...y ahí llega clavando el tiempo. Lo mismo con el segundo grupo y el tercero. Mientras caminamos al siguiente punto intentamos verificar tiempos con el runloc..nada, no es de mucha ayuda porque va con mucho retraso.

En medio comprueban el reloj y tenemos 10 minutos para nuestro avituallamiento: un cortado y unos caldos que no esta el día para zuritos.

Cada paso de los chicos unos gritos de ánimo y comentando como les vemos: como van de piernas, los gestos de la cara, mirando los tiempos.

A todo esto yo, inexperta en estos eventos, con unos tacones que con gusto hubiera dejado tirados en la cuneta junto con todos esos vasos y botellas de agua que iban dejando los corredores.
Llegamos al km 30, punto pactado para la entrega de avituallamiento: unos geles para tener sufiente gasolina hasta la meta.

En esto ya eran las 11,15 y se me había pasado la mañana volando. 


Mis estupendos guías (gracias chicos!!)  me dicen que es hora de ir hacia Anoeta ya que tenemos unos cuantos kilómetros hasta allí  ¡Y no quiero perderme la llegada!!


Estoy emocionada alli esperando ver pasar a Sergio..pasa un rato y no pasa en los tiempos que estaba marcando y pensamos que ha podido pinchar pero...¡sorpresa! Solo un poco después le vemos asomar por la recta. Ya está casi: último kilómetro lleno de gente animando sin parar.

Me meto en Anoeta, quiero verle entrar en la meta: 3,17 marca el crono de la carrera ¡Todo un éxito!

En ese momento entiendo todas las horas de entreno. Después de verle tras el marathon de Bilbao en 2012 en el que necesitò ayuda hasta para cambiarse, me acerco para comprobar que sigue entero.

Fotos y besos a mi finisher. Y luego, para celebrarlo, una estupenda comida del grupo de runners. Desde luego una experiencia para repetir.