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A la guerra sin armadura

Ayer asistí a la presentación de un informe sobre experiencias exitosas de promoción del emprendizaje en CEBEK. Además de la presentación de este trabajo, en el orden del día había incluida una conferencia a cargo de Julián Trullén titulada “El talento emocional del Emprendedor”.


Este tipo de conferencias suelen ser momentos muy inspiradores que te ayudan a pensar en tus actitudes y aptitudes frente al emprendizaje impartidas por personas que dominan la escena, con preparación y con una gran capacidad para la oratoria. Siempre tuiteas varias ideas brillantes que te producen algunos retuits y favoritos.

Sin embargo, de esta me he ido con una sensación agridulce. Ya hablé en su momento sobre como se estaba banalizando todo este mundo del emprendizaje en un post titulado Emprendizaje y running, dos burbujas que pueden explotar. El caso es que el ponente hablaba sobre como en su periplo emprendedor "desde hace 20 años" se había arruinado 2 veces, en una de ellas por no haberse parado a reflexionar y haber huido hacia adelante utilizando mal las emociones que ahora nos explica en su conferencia.

El caso es que este ponente ha sabido y podido rehacerse pero me ha hecho recordar otros colectivos que he podido conocer con mi chaqueta de profesional de la Fundación Novia Salcedo que no han tenido tanta capacidad y/o fortuna. Personas que por un despido, un divorcio o una decisión mal tomada se vieron viviendo en la calle y con pocas posibilidades de salir adelante.

Emprender no es un juego. Cuidado con tratar banalmente el fracaso. Emprender es algo serio y no se puede tomar a la ligera. No mandemos a gente a la guerra sin armadura.