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Maratones, tortillas de patatas y huevos rotos

Algunos seguidores habituales del blog pensaréis que me he vuelto loco, pero no, en este post me propongo demostrar que hay algunos elementos en común entre correr un maratón y hacer una tortilla de patatas.
 
Ayer por la tarde pasé un rato hablando con un amigo que está preparando el Maratón de Bilbao (el diurno). Más que hablar le estuve poniendo el confesionario porque el hombre estaba todo abatido ya que a falta de dos semanas para la carrera...se ha lesionado en el gemelo.
 
La verdad es que la lesión le viene dando la lata desde el verano pasado, aunque tras parar y pasar por el fisio había completado una preparación de dos meses sin problemas. En ese momento, cuando más confianza tenía, en un entreno, con un ritmo de 4,16 le sobrevino el hachazo.
 
Solo el que ha pasado por ahí sabe de lo que estoy hablando. Te encuentras en un punto, casi en el final del camino tras cientos de kilómetros de preparación a menudo en solitario. Días de lluvia y frio, de sol y calor, de pasar muchas horas fuera entrenando, de que te llamen loco y te digan eso de "correr es de cobardes"...
 
La cuestión es que aunque se resiste porque no quiere aceptarlo, con la cabeza sabe que no va a llegar, que el riesgo de tener una lesión más seria, es grande. En el póker no me jugaría un "all in" con esta mano.
 
En fin, que me fui para casa apenado por él, hemos hecho muchos kilómetros juntos y puedo ponerme en su lugar sin problemas. Me fui para casa y me puse a hacer una tortilla de patatas para cenar. Es un plato sencillo, pelas las patatas y las fries, rompes los huevos y los bates, preparas la mezcla y cocinas el primer lado de la tortilla.
 
Todo el mundo sabe que aquí viene la operación clave, dar la vuelta a la tortilla. En algunos deportes se llama "la distancia del dinero", el "money time", la distancia corta en el que un boxeador marca la diferencia, la operación que diferencia la mano de obra cualificada.
 
Habré hecho esa operación decenas de veces sin ningún tipo de problema y con tortillas de tamaños muy variados, desde luego muchas más grandes que la de ayer. Pero, oh sorpresa!!! ayer se me cayó. No sé, un exceso de confianza, un despiste, un mal golpe de muñeca. No sé qué pudo pasar.
 
En ese momento, en otro nivel, ví la relación que tiene correr un maratón y hacer una tortilla de patatas. Mi amigo se lesiona en el momento final de la preparación y a mi se me cae la tortilla en la operación clave. Ambos compuestos y sin novia. Ambos con hambre y sin nada que llevarse a la boca.