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CRÓNICA ÍNTIMA DE LA ZEGAMA-AIZKORRI 2013.

Nuestro amigo Angel nos envía una crónica sobre su participación este fin de semana en la ZEGAMA-AZKORRI. Sin desperdicio para los amantes de los detalles técnicos.
 
Una corazonada.
Toda esta locura comienza a mediados de enero, cuando se abre el período de preinscripción para participar en el sorteo de dorsales. Llevo apuntándome a este sorteo casi todos los años desde 2005, pero nunca había suerte. Sin embargo, en esta edición hubo una modificación en las normas del sorteo: los aspirantes habituales veíamos multiplicadas nuestras posibilidades por el número de veces que nos habíamos apuntado y no nos había tocado. Así, mis opciones pasaron de apenas a un 10% a un 50%, y a finales de febrero... Habemus dorsalum!!




Una preparación adecuada pero nunca suficiente.
No había tiempo que perder. Marzo, abril y mayo han sido meses de intensos entrenos para garantizar en la medida de lo posible no sufrir demasiado  y “disfrutar” el día de la prueba. Los kilómetros y el desnivel fueron aumentando paulatinamente. Primero tres días semanales, luego cuatro, a veces cinco... ¡¡y vale!!

El día de la prueba.
La salida arranca a las 9:00h dando una vuelta por el pueblo (300 m de altitud) y luego, en apenas un kilómetro, comienzan las cuestas. A partir del km.3 hay tregua y el terreno es amable para el trote, pero hay que reservar y no abusar. La llegada hasta Otzaurte (km.7) no tiene mayor problema, allí se agolpa multitud de público y el escándalo se percibe desde mucho antes. Este tramo inicial -junto con el de la bajada final- es el más rápido, pero a partir de Otzaurte mejor olvidarse del crono. En breve se llega al collado de Ultzama (km.8,7; 822 m) con un vertiginoso descenso por pasto y barro en el que nadie se libra de un par de caídas. Aquí perdemos toda la altura ganada y bajamos hasta unos 700 metros, y tras apenas un kilómetro junto al río comienza una repentina subida hacia Aratz. Aquí todavía vas relativamente fresco pero queda sortear una serie de cimas de pastos (destaca Iramendi, de 960 metros), pero a partir de Atabarrate (1050 m) empieza uno de los tramos que menos me gustan. Se trata de un laberinto kárstico con dolinas, toboganes, crestas, etc. Todo ello siguiendo un viejo camino carbonero por que no suele pasar nadie y se ha recuperado para la carrera. Finalmente, en el collado de Aratzarte (1272 m) arranca el asalto final a Aratz en una subida corta y sin complicación aunque el tramo anterior hace mucho daño. Cima de Aratz (km.16,1; 1442 m) han pasado ya dos horas y pico y ahora tenemos casi 3 km de descenso hasta la cueva de San Adrián en que puedes recuperar tiempo y el aliento. Llego al control de Sancti Spiritu (km.19,6; 2:58; 940 m), veo puntuales a Amaia y Santi, el Equipo-A de bastoneros. Comentamos brevemente cómo va todo, me pasan los palos y me enfilo al avituallamiento a engullirlo todo. Soy consciente de que ahora comienza realmente la carrera y mis cuádriceps van a resentirse. Esta subida no tiene mayor dificultad si vas fresco, pero los kilómetros comienzan a pesar. En apenas un cuarto de hora y a pesar de que subo con bastones las piernas -como estaba previsto- empiezan a avisarme. Al poco rato ya me quedo clavado. No hay opción: pararse, estirar y pasos cortos. La sombra del abandono sobrevuela mi mente, especialmente cuando me adelanta sin despeinarse la velocísima veterana  Irene Sarrionandia. Continúo sufriendo con cada escalón. Me paro y estiro más de cinco veces. Entretanto veo que desciende Oihana Kortazar, que parece que no se encontraba bien del todo. Supero la cota 1300 m, ya el arbolado escasea y aparece algún nevero y se oye el jaleo de Aizkorri cada vez más cerca.

Control de Aizkorri (km.22,1; 3:53; 1528 m). También puntuales y pacientes encuentro a Miren e Iñigo, el Equipo-B de bastoneros. A comer y a beber como loco y a continuar hacia el cresterío, el tramo más técnico y peligroso. En este momento Kilian Jornet y Luís Alberto Hernando acaban de llegar a la meta de Zegama. Ahora tengo las piernas como un playmobil, sin el juego de rodilla. Hay que dar grandes zancadas con escalones y no me puedo permitir ir rápido. Enseguida llego a Aketegi (1549 m) y poco después a Aitxuri (1551 m) la cima de la carrera. Hay otra tachuela y luego el descenso brutal al poblado pastoril Arbelar (km.25, aprox. 1200 m). Entre Arbelar y Urbia hay un tramo que se puede correr si tienes la entereza suficiente. Guarda cierta similitud con el previo a Aratz aunque menos técnico y con menos desnivel, pero allí estás ya muy tocado (km.26-29). Para mí este es el verdadero muro de la prueba, a pocos kilómetros de las campas de Urbia. Cuando casi alcanzo Oltze llega a Zegama Emelie Forsberg, la primera fémina. Poco a poco vamos formando un pelotón muy estirado de residuos de la carrera, consumidores feroces de réflex en cada puesto de control. En Urbia (5:20) me esperan Koke, Joseba y Moni con toda la prole, pancarta incluida. Nada de abandonar.

Hay que continuar a toda costa y cruzar el paso de Andraitz, la última gran cuesta arriba de la prueba. Alcanzo este punto muy despacio (aprox. km.30; 5:47; 1350 m) pero está hecho, este punto da paso a un “tobogán” de mil metros de desnivel hasta Zegama y cuesta abajo ya se sabe...

Cruzar el paso de Andraitz sube el ánimo de forma sorprendente. Todavía quedan 12 kilómetros pero ya se oye del alboroto de Zegama, lo cual hace que aceleremos el paso en la medida de lo posible. Réflex y más réflex. El descenso es muy empinado entre el km.30 y 31, luego la pendiente más tendida da paso a profundos barrizales hasta Itzubiaga (km.32,3) donde arranca una corta y dañina subida. Tras ella, el objetivo es llegar a Oazurtza (km.37,8; 7:00) la bajada final que permite recuperar el ritmo de los primeros kilómetros. Media hora más y la meta. Misión cumplida.

Balance final.
“Ya está, ya lo has hecho. Ya no hace falta hacerla el año que viene otra vez”, me decía una amiga dos horas después de acabar. “Que mal estoy” -pensé, mientras ella seguía con su consejo- “Ni siquiera ha hecho falta que pasen dos o tres días y ya estoy pensando en la próxima”. No hay duda, el año que viene jugaremos de nuevo a la lotería.