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Si oyes ruidos, es que sigues vivo

Este ha sido un fin de semana muy intenso. El pasado viernes por la mañana acompañamos a Vera y Carmen en un tour por el Bilbao Moderno. Un recorrido por el Bilbao que ha puesto en el mapa a nuestra ciudad.
 
 
 
Por la tarde tuve la oportunidad de aportar mi visión como emprendedor a los alumnos y alumnas del Máster de Turismo Activo de la Universidad de Mondragón. La verdad es que ha sido una experiencia positiva de la que me llevo algunas ideas interesantes.
 
De Irún nos fuimos a Urdax con la familia a pasar el fin de semana. Por supuesto con las zapas en la maleta. Ahí he aprovechado para corretear por sus montes e ir recuperando poco a poco las sensaciones.
 
No se cómo explicar las sensaciones encontradas que me produce correr por zonas más o menos agrestes que nada tienen que ver con entornos tan "urbanizados" como el Pagasarri. En este tipo de parajes es frecuente encontrarte con caballos, vacas, ovejas, corzos y unos animales que pueden ser los mejores amigos del hombre pero los peores enemigos del runner; los perros. He tenido algunas experiencias de encontrarme con perros sueltos por el monte y la verdad es que no ha sido un momento agradable. En las cascadas del Rio Asón tuve que pegarme un sprint y saltar una verja para ponerme a salvo y este fin de semana mientras hacía una ruta que llaman "la senda de los contrabandistas" también he tenido algún momento de tensión.
 
Me gusta correr en soledad por el monte pero no puedo evitar una cierta tensión ante encuentros inesperados. Voy concentrados escuchando todos los ruidos del bosque a mi alrededor y eso me hace sentirme vivo. Miedo me da dejar de escucharlos.